Forestación de hidroeléctricas es cuestionada por investigadores

Doctores del área forestal Frida Piper y Alex Fajardo afirman que los estudios de impacto ambiental de ambas empresas cometen graves errores técnicos y de forma en lo que proponen en materia de forestación.

Expectación existe en la Región de Aysén. A la controversia entre las eléctricas HidroAysén y Energía Austral y quienes se han alzado en oposición a sus iniciativas, se ha sumado hoy un amplio grupo de organizaciones y personas que se han hecho eco de la necesidad de contar con la mayor y mejor información sobre estas iniciativas. Todo con el fin de formarse una correcta opinión sobre proyectos que de llevarse a cabo cambiarán la realidad regional.

Estos sectores piden información. De preferencia, desapasionada. El ideal, de las ciencias conocidas como duras. Menos subjetividad, más objetividad es el ideal.

Investigación en Aysén

Desde 2005, opera en Aysén el Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (CIEP), un conglomerado de investigadores dedicados al estudio de los ecosistemas terrestres y acuáticos de la región. Además, el CIEP está directamente relacionado con las universidades nacionales de Concepción y Austral de Chile, y con las extranjeras de Montana (EEUU), Siena (Italia) y Córdoba (España), además de órganos del Estado de Chile. Entre sus diversos ampos de análisis está el forestal, los bosques de la Patagonia. Áreas en que se han especializado la ingeniera agrónoma y doctora en Ciencias Biológicas, mención Botánica de la Universidad de Concepción, Frida Piper, y el ingeniero forestal y doctor en Ciencias Forestales de la Universidad de Montana, Alex Fajardo. Ambos evaluaron los compromisos de compensación forestal incluidos por las empresas en sus estudios de impacto ambiental (EIA). Mal que mal, bosques nativos de lenga, ñire, coihue de Chiloé y Magallanes, mañío, tepa y tineo -entre otras especies- serían afectados por ambos emprendimientos.

¿Por qué se arriesgaron en esta difícil empresa?

Frida Piper: Concretamente cuando escucho en la radio una publicidad de HidroAysén, donde se promete la forestación exitosa con coihue común, de Magallanes y de Chiloé, especies con las cuales he trabajado en mi tesis de doctorado y sobre las cuales conozco la poca información que existe. Sus promesas de “forestación exitosa” me parecieron sorprendentes y me motivaron a revisar los EIA.

Alex Fajardo: Lo mismo para mí, aunque particularmente me llamó la atención que asumieran plantar con especies nativas como un desafío. Eso me gustó, porque de ellas sabemos muy poco. Y efectivamente al revisar las medidas de compensación, eso se nota.

Luego de leer íntegramente lo propuesto por las empresas y contrastarlo con diversos estudios e investigaciones, Piper y Fajardo emitieron un informe con un decidor título: “Los proyectos hidroeléctricos y los planes de forestación en la Patagonia chilena: ¿Fracaso garantizado?”. Y la respuesta a la que llegaron fue que ambos EIA denotan una crítica falta de rigurosidad, considerando la magnitud de la intervención planteada, concluyendo que lo comprometido es “inviable en su forma actual”.

Tanto HidroAysén como Energía Austral contemplan forestar en zonas donde no hay actualmente bosque y también en algunos sectores de bosque que sería destruido para la instalación temporal de obras específicas. Fue analizando la globalidad de lo expresado en los EIA que los investigadores llegaron a la conclusión de inviabilidad de los planes por 3 temas de fondo: “Recomendaciones silviculturales basadas mayoritariamente en la observación anecdótica y realizadas para especies nativas en otras regiones del país, protocolos para especies exóticas de rápido crecimiento (pino, eucalipto) y usando la aproximación de ‘ensayo y error’”, señalan Piper y Fajardo en su informe.

Sobre la extrapolación de experiencias de otras zonas del país constataron que las empresas se basaron en “informes técnicos y algunos estudios de envergadura sobre ecología en bosques del centro y sur de Chile que no cuentan con la rigurosidad científica necesaria para alcanzar resultados concluyentes”, agregando que “las experiencias silvícolas en las regiones VII a X (incluyendo la actual región de Los Ríos) no son extrapolables a la Región de Aysén”.

Piper explica que la imposibilidad de extrapolar prácticas de un paralelo a otro tiene un origen climático, donde “Aysén es muy distinta al resto de las regiones; acá básicamente no existe influencia mediterránea por lo que los veranos son frescos y húmedos. Esto es determinante para la vegetación de la región y explica la mezcla de bosque valdiviano con bosque magallánico que caracteriza a la flora de Aysén. El conocimiento sobre los requerimientos ecológicos de las especies propuestas para reforestar no existe y, dadas las particularidades bioclimáticas de Aysén, debe ser generado en la región. El principal vacío de conocimiento tiene que ver con la etapa de establecimiento de las plantas: es aquí donde no sabemos prácticamente nada, y donde las experiencias negativas en la región son bien conocidas por todos”.

El intento de utilizar protocolos de especies exóticas en plantaciones de bosque nativo revelaría “falencias conceptuales básicas, ya que no podemos asumir ‘a priori’ que lo que aplica a pino o eucalipto también aplicará a coihue. Sin embargo, esto es exactamente lo que se hace, por ejemplo, al plantearse la necesidad de controlar malezas y de fertilizar en circunstancias que esto es innecesario para especies de crecimiento lento, cuya demanda por agua y nutrientes es menor”, señalan en el documento. El método “ensayo y error” como pilar de los procedimientos técnicos a seguir, lo proponen tanto Energía Austral, cuando señala que “para las compensaciones que debe hacer el proyecto hidroeléctrico con especies nativas, se probarán distintas especies para las variadas condiciones de sitio, suelo y clima de la región…”, como HidroAysén cuando expresa que “para la viverización de plántulas se probarán métodos(…) por tratarse de especies sobre las cuales existe escaso conocimiento de su autoecología y viverización, las técnicas propuestas podrán modificarse en la medida que surjan nuevos antecedentes o pruebas fundadas que así lo sugieran”. La etapa de establecimiento es crucial para el futuro del bosque y para los investigadores resulta, por decir lo menos, preocupante que precisamente en esta fase decisiva se pretenda aplicar el método en cuestión.

Para Piper y Fajardo un elemento clave para entender la forma en que se elaboraron los compromisos de compensación forestal es que gran parte de los procedimientos tienen un énfasis productivo, que apunta al crecimiento rápido, y no a la recuperación ecosistémica. Pero ¿es posible reproducir un ecosistema boscoso determinado en otro lugar? ¿qué tan necesario es reproducir los ecosistemas? AF: Es preciso reconocer que no se puede reemplazar el bosque que se está afectando. Primero porque no va a estar en el mismo lugar, por lo cual nunca va a ser el mismo. Y, segundo, porque no existe un sistema de evaluación basado en rangos de aceptabilidad. Es acá donde entra en escena la famosa frase que habla sobre las responsabilidades finales, ‘del chancho o del que le da el afrecho’, porque los investigadores reconocen que en Chile hay una legislación de forestación y evaluación ambiental con vacíos en torno a los parámetros básicos exigibles en la materia. Temas considerados son, por ejemplo, la necesidad de que un territorio se constituya en bosque (diferente a un pastizal) y que se mantengan los bajos niveles de erosión característicos de un bosque y los ciclos de nutrientes, entre otros aspectos. Fajardo dice que “hay que ver las cosas a largo plazo. Si la iniciativa productiva se va a echar a andar, se tiene que hacer bien”, y Piper añade que “estos megaproyectos que afectan directamente los recursos naturales (cuya complejidad es alta) tienen que ser estudiados con los mejores elementos, el mejor capital humano, la mejor de las ciencias. Pero todos estos estudios deben realizarse antes de que los proyectos sean ejecutados. De lo contrario, se llega a una situación de ‘soluciones parche’ una vez que están en ejecución o después”.

Y para eso se necesita tiempo. Mucho tiempo que, precisa precisamente, no tienen las empresas.

Múltiples errores

Del análisis de ambos EIA los investigadores constataron que existía una serie de incongruencias de forma y fondo en lo planteado. En lo más técnico incluyen que HidroAysén afirma que las especies de Nothofagus (ñire, coihue, lenga) presentan producción cíclica de semillas, en circunstancias que su semillado es irregular y no cíclico. A su vez, Energía Austral afirma que en la parte central continental de Aysén “existe un dominio de bosques húmedos caducifolios principalmente de Nothofagus”, demostrando ignorancia en el sentido de que las únicas especies caducifolias de esa zona son Nothofagus.

HidroAysén propone repicar y plantar plántulas en primavera y verano, siendo ésta la peor época, ya que como las plántulas están utilizando sus reservas de carbono para su crecimiento no podrán redirigirlas para tolerar el estrés del trasplante. Las plantaciones en la zona centro- sur de Chile se realizan en invierno. En ambos estudios la elección de los terrenos para forestar no corresponde al tipo forestal que se debería reponer según la legislación. Y ambos expresan la necesidad de controlar las gramíneas, por ser consideradas competidoras de las especies a plantar, en circunstancias de que éstas ayudan a mantener la estructura del suelo y junto con su cobertura evitan la erosión. Esto demuestra que “se ignoran las interacciones positivas inter o intra específicas que pueden beneficiar el establecimiento, y al mismo tiempo reducir costos y esfuerzos de erradicación”. Las 2 empresas desestiman “la importancia del cambio climático” y sus efectos en Aysén, lo cual invalida “cualquier promesa de forestación y protección”, más aún cuando las predicciones de cambio climático para América Latina son, junto a las de África, las menos confiables en el mundo. A estos errores técnicos se agregan los de forma, como faltas ortográficas y gramaticales, citas incorrectas, problemas de estilo, señalando los investigadores que aunque todo esto es posible de corregir “es preocupante que estudios de tan baja calidad se hayan filtrado a través del sistema de evaluación, especialmente, por tratarse de proyectos de tan alto impacto ambiental”. Y ya a nivel de anécdota recuerdan que en el estudio de Energía Austral se propuso plantar con especies “nativas” como la araucaria, el ulmo, el radal y el raulí, que aunque son originarias de Chile para el caso de Aysén son exóticas, y ante tal circunstancia solicita a los estamentos públicos (por ejemplo, Conaf) que se les haga “una excepción y se les permita plantar con especies distintas al tipo forestal que afectaron”. Algo similar a querer plantar ciprés de Las Guaitecas en Parinacota por ser “nativo” de Chile, o tamarugo en Tierra del Fuego. Esta propuesta, además de violar la legislación actual, es ecológicamente muy cuestionable, dicen.

Conclusiones

Son 4 las recomendaciones que Frida Piper y Alex Fajardo realizan a los estudios de impacto ambiental de proyectos de esta envergadura en la Patagonia. Primero, “invertir en recursos humanos de excelencia no sólo en la etapa de líneas base (como ya se ha hecho), sino en la etapa de las propuestas y planes de mitigación”. Y en esto considerar literatura relevante a nivel mundial, como por ejemplo “el reporte de la Comisión Mundial sobre Represas (que) es el documento más global hasta la fecha que evalúa el impacto y la efectividad de las represas en el mundo”.

Considerar la incorporación de expertos en restauración ecológica en el equipo de trabajo. “Según nuestro conocimiento, no existen este tipo de especialistas en Chile por lo que debería contratarse en el extranjero”.

Impulsar la forestación en “sitios adecuados y acordes con las especies en cuestión”. En este sentido aprovechar las extensas áreas devastadas por incendios del pasado y que por condiciones topográficas no tienen aptitud ganaderas, porque así se “minimizan conflictos de interés y se mejora el aspecto visual de la región”. Las empresas han considerado la importancia de reforestar estas áreas, sin embargo muchos de los terrenos propuestos para forestar tienen actualmente un alto potencial ganadero, o bien se encuentran ubicados en zonas no aptas para la reforestación del mismo tipo forestal removido. Y, por último, “realizar experiencias piloto de forestación” donde “lo ideal sería que antes de la eventual aprobación del proyecto, se solicite una prueba veraz de factibilidad sobre lo que se promete”. Los investigadores llegan a la conclusión que la calidad deficiente de los planes de forestación se explica en parte por una legislación ambiental laxa, que presenta vacíos en estos ámbitos y deja espacio a que las empresas actúen sin la excelencia y rigurosidad que se requiere en proyectos de gran magnitud. La ley exige reforestar, pero no es explícita en el concepto de “reforestación”. ¿Reforestar es plantar simplemente o reforestar es asegurar cierto porcentaje de supervivencia de aquellas plantas que se van a plantar? Y finalmente, ¿qué sucede si la gran mayoría de los intentos por reforestar y forestar fracasan? A juicio de Piper y Fajardo, de materializarse estos proyectos el impacto sobre la vegetación sería irreversible y las compensaciones, según lo presentado en los EIA, fracasarían.

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